DEFENSEM EL TERRITORI de Trinidad Simó

«Defensem el territori»
TRINIDAD SIMÓ
PROFESORA DE HISTORIA DEL ARTE DE LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA
El pasado sábado, 3 de mayo, hubo una gran manifestación en Valencia convocada por el colectivo Compromís pel Territori, manifestación que muchos pensamos que fue muy importante y que marca un hito, un punto de inflexión en la larga marcha de las decisiones, exigencias y movimientos cívicos, a partir del cual debemos de reflexionar y cuyas demandas no podemos olvidar y tenemos que seguir exigiendo.

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Su importancia radica en la gran cantidad de gente que acudió. Fue mucho más numerosa de lo que cabía esperar, teniendo en cuenta los limitados medios de que se dispone para anunciarla. La TV, por ejemplo, guardó silencio y tampoco se contaba con la estructura base de los partidos políticos. Pero toda la Comunidad estaba allí representada, desde el norte de Castellón hasta el sur de Alicante, con gente proveniente de todos los pueblos, de todas las comarcas, de todas las ciudades. Por otra parte quedó muy clara la unidad de las reivindicaciones: la defensa del territorio, de la tierra, del patrimonio natural frente a la avalancha de destrucción que estamos padeciendo dirigida por la pésima gestión de nuestros políticos.

Y tengamos en cuenta que el número de personas que acudió a la manifestación representaba tan sólo la punta del iceberg. El ámbito social conocedor de esta política, y que la repudia, es mucho más numeroso que el que acudió a la manifestación. Es ya un clamor generalizado, un conocimiento que no tiene que ver con las clásicas divisiones de clase social, edad o, como quedó demostrado, de pertenencia al País o de gente afincada aquí desde hace relativamente poco. Y me refiero a los emigrantes y a los que provienen del norte de Europa, alemanes e ingleses en su mayoría, y han elegido esta Comunidad como lugar de estancia, permanente o no (¿Recuerdan el colectivo que apareció ya hace algún tiempo, «Abusos Urbanísticos No»?).

Y es preocupante decirlo, pero son los políticos que nos gobiernan los que han propiciado toda esta extensa concienciación, por mucho que nos quieran hacer creer que su gestión es acertada. El 5 de junio, dos días después de la manifestación, aparecía en prensa (El País, 5/6/06, pag. 25) que el reciente portavoz del Consell, Vicente Rambla, al protestar de un informativo de TVE sobre el urbanismo valenciano, informativo que casualmente yo vi y que según mi criterio sólo decía una realidad suavizada, manifestaba que esa información era falsa «sobre todo cuando en estos momentos tenemos la legislación mas avanzada desde el punto de vista del respeto al territorio».

Pero sigamos. Y transcribo parte del manifiesto que se leyó al final de la manifestación. «Durante los últimos años, el territorio valenciano está padeciendo el mayor conjunto de agresiones de su historia reciente. A lo largo de todo el País y de todas las comarcas, tanto en la costa como en el interior, en los pueblos y en las ciudades, progresivamente se va destruyendo nuestro territorio, desapareciendo bajo una capa de asfalto y de hormigón […] Se especula con la tierra y con el agua, se destroza el paisaje, el medio natural y el patrimonio cultural con la permisividad interesada y la complicidad activa de las administraciones locales y autonómicas, en las cuales se hace cada día más presente la sombra de la corrupción. La creciente opinión ciudadana en contra de esta dinámica destructiva es sistemáticamente despreciada».

El manifiesto, después de citar el deterioro progresivo de la industria y de la economía agraria así como la mala gestión de los residuos, de los recursos hidráulicos y energéticos, añade que tras todo esto se asienta «una economía basada en el turismo masivo y en la construcción, que sólo busca el beneficio particular inmediato en perjuicio de todo interés social: la educación, la sanidad y los otros servicios públicos se deterioran más cada día, mientras que la juventud y los sectores sociales más desfavorecidos no pueden acceder a una vivienda digna».

Más de setenta colectivos provenientes de toda la Comunidad, desde el norte de Castellón al sur de Alicante, fueron anunciados y nombrados a medida que, provenientes de la plaza de San Agustín, punto de arranque, llegaban a la plaza de América, lugar final del recorrido. En general parecían dominar los colectivos pero también habían muchas personas a título individual. Era profundamente conmovedor ver toda esa multitud de gente que iba llegando a la plaza, gente variopinta, de ideologías, edades y también de nacionalidades diferentes. Recuerdo un joven, posiblemente paralítico, postrado en su carrito de ruedas y empujado por sus amigos o allegados, todos ellos de clara procedencia nórdica, quizás alemanes o ingleses que venían también en defensa de sus derechos. Muchos de nosotros, al ver al joven se nos hacía un nudo en la garganta: toda una manifestación de tenacidad, de solidaridad social y de intencionalidad democrática madura. Y la plaza iba llenándose, alimentada por todos, que nos sumábamos unos a otros, haciendo sitio a los que llegaban, apretándonos y sintiendo más vivamente los calores del día. Y había como una única vibración, hecha de rabia y esperanza, la rabia de ver destrozar nuestra tierra y la esperanza en nuestra propia fuerza ciudadana. Eran ya las nueve de la noche cuando la concentración se disolvió, después de leer el manifiesto, palabras que el viento expandía, ideas que llegaban a cada uno de nosotros colmando de intencionalidad y sentido ese gran colectivo que formábamos.

Y al final se terminaba exigiendo «Una moratoria que comportara la no aprobación, la suspensión o la paralización de proyectos, urbanísticos o de grandes infraestructuras […] La apertura de un gran debate social con el objetivo de delimitar las líneas maestras de un modelo territorial, social, económico y energético que responda a las necesidades reales de la población […] y una nueva legislación, elaborada con la participación ciudadana, que tenga como objetivos claros frenar la especulación y primar la protección del medio ambiente, del paisaje y del patrimonio cultural». Y finalmente alegaba por «una gestión racional del agua, los recursos y los residuos, por una política social de la vivienda, no a la especulación, basta de corrupción?»

Eran ya las nueve cuando la concentración se disolvió, perdiéndose en las luces pálidas que anuncian la noche en estos largos días de primavera. Pero algo quedaba muy claro. Hay que perseverar, hablar, forzar, dialogar. Basados en nuestra unidad, que es lo que sedimenta nuestra fuerza social, debemos de continuar en la defensa de nuestro territorio. Exijamos, como alguna vez ya se dijo, el diálogo.

www.terracritica.org

http://www.levante-emv.es/secciones/noticia.jsp?pIdNoticia=207154&pIdSeccion=5&pNumEjemplar=3190

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